Antes, antes, un antes que parecía eterno, pero no. El antes como justificación de todos nuestros males se desvanece con rapidez. Vamos a un retrato general. El bono demográfico, esa condición excepcional en la cual los brazos jóvenes abundan y que dura un par de décadas, estaba allí cuando llegaron al poder. Nada hicieron para fortalecer un sistema de pensiones que aprovechara los años pasajeros de esa abundancia que, desaprovechada, constituye una pesadilla para los gobiernos. Los ejemplos los tenían frente a las narices -Italia, España y la propia China- que deprimieron tanto su tasa de crecimiento demográfico que cayeron por debajo de la tasa de reemplazo: 2.1 hijos por mujer en edad fértil. Ahora ya estamos en 1.6 y recuperarla es muy difícil.

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