El dilema parece ser siempre el mismo. Si se descabeza a las organizaciones criminales, se fragmentan y el vacío de poder incrementa la violencia. Si no se enfrentan, el grupo más violento crece hasta volverse un riesgo de seguridad nacional.
Es un falso dilema. No hay una estrategia de apaciguamiento al crimen organizado que haya funcionado. El sexenio pasado fue un fracaso. Si bien hubo detenciones de algunos capos, la instrucción era evitar la confrontación.