Basta ver cómo se nombra a los directores generales de las empresas públicas mexicanas para entender por qué son hoyos negros. Empleados competentes, y en particular que lo sean quienes las dirigen, es la clave para operar eficientemente. En Pemex, el mérito no es la razón central para contratar y promover al personal. Para colmo, salvo contadas excepciones, los directores generales han sido funcionarios públicos cercanos al presidente en turno que nada o casi nada saben de la industria petrolera.

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