Los informes de gobierno son siempre propaganda. Lo bueno es que ya no duran seis horas, como algunos de Echeverría, ni anuncian sorpresas, como la expropiación bancaria y el control de cambios del 1 de septiembre de 1982.

El día del Informe ya no es inhábil ni se transmite en cadena nacional. Tampoco refleja ya la pluralidad del país: es en la casa presidencial, con sus invitados, no en el Congreso de la Unión.

Sin embargo, siempre desnuda al poder. El Segundo Informe de Sheinbaum relató su visión de cómo va el país. Es claro qué busca su gobierno y ofreció muchos datos sobre sus logros, el más importante para el elector: las transferencias sociales. Varias de sus afirmaciones son muy discutibles, como que ya no hay escasez de medicinas contra el cáncer, y otras son promesas que ya veremos si se cumplen.

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