En la elección presidencial del 2006, AMLO pensó que era innecesario ampliar su coalición, podía solo. Quería llegar a la presidencia sin deber favores para tener margen de maniobra. Por eso rechazó el apoyo del SNTE que le ofrecía Elba Esther Gordillo y el de Alternativa Socialdemócrata y Campesina, lidereado por Patricia Mercado. Este partido obtuvo el 2.7 por ciento del voto, casi cinco veces la diferencia entre la votación de Calderón y López Obrador.
En 2018, AMLO sabía que era su última oportunidad. Construyó una amplia, heterogénea y contradictoria coalición de intereses. En Juntos Haremos Historia cabían el PT –admiradores de Corea del Norte– y Encuentro Social, partido evangélico de derecha. Ya en la presidencia sumó a otros, desde el Partido Verde a los restos del PRD.