La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) es grandota, grandiosa y temible. Ha sido locomotora de la transición pacífica e invernadero de bandas criminales que transitan —sin pestañear— de la sofisticación a la brutalidad.
La legendaria defensora de los derechos de los habitantes de la gran urbe, Josefina MacGregor Anciola de Suma Urbana, me relató sus impresiones sobre el crecimiento, sofisticación y diversificación de las bandas de inmobiliarias y notarios, jueces y funcionarios durante los últimos años. Las parvadas son cada vez mayores y sobrevuelan, como zopilotes, los 9,179 kilómetros cuadrados de la gran urbe buscando dónde arrebatar propiedades. Nos faltan estadísticas confiables.