Orgulloso,
decimos con desprecio de alguien que se ufana de sí mismo. Todo en exceso es
malo, diría Montesquieu. Pero el orgullo es un sentimiento que ha acompañado a
la humanidad. “… satisfacción por los
logros, capacidades o méritos propios”, nos lanza la RAE. Sentirse orgulloso de
la madre, o del padre, o de los hijos o nietos, justifica una vida. El orgullo
puede trascender lo personal, ser colectivo. En las próximas semanas, en que el
balón atraerá de nuevo los ojos del mundo a México, la congoja invade.