“A ti dirijo estos renglones, madre amorosa y prudente, que has sabido apartarte del camino trillado, y preservar el naciente arbolillo…”, Rousseau fue de los primeros que lo vio con claridad. La riqueza de una nación está más allá del oro y la plata. La verdadera riqueza nace de la educación. Un país educado, sin petróleo o minerales, saldrá adelante. Despreciar la educación, es despreciar a la nación.