Creo que nadie
desearía regresar a las formas imperiales de trato interpersonal. Esas
reverencias lingüísticas que marcan un abismo entre una autoridad y un
ciudadano. Absurdo. Los códigos han cambiado y mucho. En el salón de clase es
difícil que un maestro joven reciba ese trato de sus alumnos, maestro. Pero ¿debe
un maestro tutear a una alumna más joven que él? No es acaso el usted una forma
de sano respeto. O entre colegas, pensemos en el trato dentro de un hospital,
¿deben los grandes médicos tutear a las enfermeras? ¿No es eso lo contrario a
la distancia necesaria en una relación de trabajo? Lo peor aún es la asimetría,
hablarle de tú a los meseros, incluso a los mayores, y decirle Beto tráeme… sin
siquiera un “por favor” de por medio.


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