A pagar

El gobierno necesita recursos porque no cumplió con la promesa de rescatar a Pemex, que perdió 1.8 billones de pesos durante el sexenio de López Obrador. Para mantenerla a flote le inyectaron 1.38 billones de pesos.
Mucho dinero y promesas de mejora, pero pésimos resultados. Las malas inversiones, como la refinería de Dos Bocas, seguirán siendo un lastre, pero el costo mayor es lo que se dejó de hacer por no gastar bien el dinero de todos los mexicanos.
En el Plan de Negocios de Pemex 2019-2023 se prometió que la producción para el 2024 sería de 2.697 millones de barriles diarios. A lo largo de ese sexenio, cada nuevo Plan de Negocios actualizaba a la baja la producción. El Plan 2023-2027 puso como meta para el año entrante 2.319 millones de barriles diarios.
¿ANTES?

Antes, antes, un antes que parecía eterno, pero no. El antes como justificación de todos nuestros males se desvanece con rapidez. Vamos a un retrato general. El bono demográfico, esa condición excepcional en la cual los brazos jóvenes abundan y que dura un par de décadas, estaba allí cuando llegaron al poder. Nada hicieron para fortalecer un sistema de pensiones que aprovechara los años pasajeros de esa abundancia que, desaprovechada, constituye una pesadilla para los gobiernos. Los ejemplos los tenían frente a las narices -Italia, España y la propia China- que deprimieron tanto su tasa de crecimiento demográfico que cayeron por debajo de la tasa de reemplazo: 2.1 hijos por mujer en edad fértil. Ahora ya estamos en 1.6 y recuperarla es muy difícil.
LA DISCRETA GRANDEZA

Para la familia
Mancera Corcuera
La mayoría de
los mexicanos no tiene motivos para recordarlo. El promedio de edad ronda los
30 años. Y el gran personaje que hoy me ocupa, Miguel Mancera Aguayo, tuvo su
primer enfrentamiento como excelente economista, en 1982, hace 44 años. ¿En qué
consistió? Ante la decisión irresponsable de López Portillo de nacionalizar la
banca y decretar un control generalizado de cambios, Mancera se opuso. En el régimen
hiperpresidencialista eso era una afrenta. Le costó el cargo de Director
General del Banco de México. Pero su coherencia se impuso y predijo con toda
claridad lo que ello generaría a los mexicanos.
CINISMO

Tantos problemas por resolver, pero el gobierno pareciera decidido a crear más polarización. Ahora la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones determinó someter a consulta pública unos “Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias”. Todo esto en el marco de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. ¿Quién solicitó estos “Lineamientos”? En su artículo primero declaran que el “…objetivo es establecer las bases de las políticas en materia de telecomunicaciones, radiodifusión y satelital, regular los servicios de interés general de telecomunicaciones y radiodifusión, los derechos de los usuarios y de las audiencias”. La Agencia nació para impulsar el desarrollo de los medios con una regulación para las empresas. Pero los usuarios y las audiencias no son materia de regulación. La trama oficial defiende que busca proteger a las audiencias, como si las audiencias no pudieran protegerse. A más competencia, más protección de las audiencias. Tan sencillo como cambiar de canal o de frecuencia y escoger en plena libertad aquella que más nos convenza.
TRACTO SUCESIVO

Comenzaron poco a poco, una nueva etapa de la historia, dijeron. Conferencia “mañanera”, suena bien, rendir cuentas. El presidente respondiendo a la prensa durante varias horas. Fórmula Goebbels: repetir mentiras hasta el infinito para volverlas realidad en la percepción. El eje: la explicación de todos nuestros males está
en el pasado, pero nosotros somos distintos. Las simplificaciones como método que atrapa a una población que, por lo general, no le gusta complicarse la vida con la política. Perforar un pozo petrolero es como hacer un hoyito en la tierra. La corrupción se combate barriendo de arriba para abajo. Muchos mexicanos compraron esa versión.
Desperdicio

Ni una sola de las obras de AMLO sirve para lo prometido. Todas costaron más de lo programado.
No sorprende que la economía no crezca más: ninguna de estas obras hizo más competitivo al país. Tampoco sorprende que no haya margen presupuestal, pues hay que financiar su operación. Serán eternos hoyos negros fiscales.
Conviene tener presente el tamaño del despilfarro, ahora que se acerca la temporada presupuestal. La solución que muchos van a proponer para la creciente falta de recursos públicos será una reforma fiscal. Veamos cómo AMLO gastó los recursos de todos los mexicanos en sus obras.
RABIA EN EL IPN

Cuatro edificios del Instituto Politécnico Nacional están tomados por el estudiantado desde hace dos meses. La rabia politécnica nace de una ecuación bastante simple: entre 2018 y 2026 el número de estudiantes inscritos creció en 18% (de 180,801 a 212,911) y su presupuesto solo se incrementó en 0.77% (de 20,973 a 21,135 millones de pesos constantes del 2024).
El Plan

El Plan México tenía un objetivo central: aumentar la inversión como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB). Esto, de acuerdo con el gobierno, detonaría un mayor crecimiento económico.
La inversión va en sentido contrario a lo deseado, por más que hubo un repunte en mayo. La pública ha subido un poco más, aunque de niveles muy bajos.
Sheinbaum se reúne con inversionistas y promueve proyectos en México, pero no ha sido suficiente. Las razones son varias; apunto algunas.
¿En qué?

Obras inconclusas; vialidades saturadas; aeropuerto disfuncional. Este es el gobierno que más ha concentrado el poder en las últimas tres décadas, pero no puede acabar las obras mínimas que se propuso para un Mundial que alojará solo 13 partidos.
Tampoco logró generar un acuerdo social como para poder disfrutar de la fiesta mundialista sin la tensión de todo tipo de conflictos. En lugar de buscar atender el drama de las madres buscadoras, ahora las quieren criminalizar investigando quien financió su viaje a la CDMX. Lograron contener a los manifestantes con los granaderos, pero hicieron la asistencia al estadio un vía crucis.
MÍSTICA

Orgulloso, decimos con desprecio de alguien que se ufana de sí mismo. Todo en exceso es malo, diría Montesquieu. Pero el orgullo es un sentimiento que ha acompañado a la humanidad. “… satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios”, nos lanza la RAE. Sentirse orgulloso de la madre, o del padre, o de los hijos o nietos, justifica una vida. El orgullo puede trascender lo personal, ser colectivo. En las próximas semanas, en que el balón atraerá de nuevo los ojos del mundo a México, la congoja invade.